Me muevo ya con fluidez en esta maraña de railes, tíos con corbata y chorvas minifalderas con cara de porcelana.
Podrías hacerte una idea de la vida de Tokio sin salir del metro. Todos pegados a un móvil, un ipad, la nintendo..algunos un libro y el resto desnucados en manos de Morfeo, que aquí hace horas extra...
Y hoy que he tenido que levantarme a las 5,00h. he comprendido por qué esta gente apura cada segundo para dormitar, como si fueran móviles cargándose en la red.
Ayer lo dediqué a recuperar algo de sueño y a una lavadora, y a ver un poco mi barrio, Asagaya, muy tranquilo y muy japonés, con izakayas por doquier y una zona de galerías con tiendas y comida donde me pongo hasta arriba de darle a los palitos..
Por cierto, aquí es de mala educación no hacer ruido al comer, sobre todo si son los fideos típicos o la sopa. En estos garitos siempre hay un abuelo al lado sorbiendo que parece que se va a tragar la dentadura.
Como veis, se puede comer un buen plato de arroz con cosas que te quedas hasta arriba por 4 ó 5 €. Aparte siempre te ponen una sopita típica y té o agua gratis. Lo caro aquí son las cervezas..te cascan 4€ por un tubo los muy amarillos. Curiosamente otra de las cosas más caras aquí son los pasteles, y las pastelerías son elegantes como joyerías.
Ah, y otra cosa habitual es que tienen siempre jazz de fondo, y muy bueno por cierto..
Por la tarde aún tuve tiempo de acercarme al Palacio Imperial pero al ser lunes estaba cerrado. En frente no obstante encontré los jardines Kitanomaru, una chulada de jardín botánico, antesala de la maravilla que he visto hoy..
Por la tarde-noche me acerqué a Shinjuku a ver luces y el ajetreo de gente que es salvaje a esas horas.
...y como os decía antes, hoy ha tocado madrugón, y es que dicen que es cita obligada una visita al mercado de Tsukiji, y es cierto, vale la pena levantarse pronto y pasearse por le lonja de pescado más grande del mundo.
Es un lío de callejuelas entre cajas con la mercancía fresca, y tienes que estar muy atento si no quieres que unos cafres con carritos motorizados te trepanen una gamba...no pararían ni aunque estuviera delante su abuela materna, los muy jodidos.
También me he llevado más de un empujón de algún currela que no quiere que estés por medio dando mal con la camarita, y es que deben estar hasta la minga de ver guiris por en medio.
Y eso que en esta época no hay muchos. Estoy sorprendido de los pocos extranjeros que veo...en el metro suelo ir solo, apenas veo turistas, y eso que me paso horas dentro.
....La variedad de pescados y moluscos es tremenda. Estos mejillones tenían más de un palmo de largo.
Un poco de todo..
El pez de la pecera debía estar pensando: "..otia qué poco me queda...."
Este mercado es sobre todo conocido por sus subastas de atún. Yo no he debido llegar a tiempo pese al madrugón, y sólo me he encontrado con piezas congeladas y algún currela quitándoles las raspas.
De este pez sacan uno de los mejores sashimis del mundo.
Para acabar, a eso de las 7,30h., me he ido a buscar unos bares de sushi que recomiendan las guías, para desayunar según dicen el sushi y sashimi más fresco del mundo.
El más famoso estaba a tope y con cola, así que me he dedicado a buscar y he encontrado uno en una callejuela muy tranquilo y me he metido un sashimi de salmón que se derretía en la boca, con huevas frescas y arroz. Qué bueno estaba...
Este era el famosete...
La carta de sushis de donde he desayunado..
El taisho no paraba de preparar sashimi con un arte que para qué....haría filetes hasta a su abuela.
Y aquí mi desayuno..recordaré este salmón durante mucho tiempo..
Total, que a las 8,30h. me he alegrado de madrugar, y me he dispuesto a seguir la ronda por otro de los platos fuertes de la ciudad...los jardines del Palacio Imperial... :D
Ha sido muy duro, como se puede ver..
Que maravilla de sitio, el paraíso para el amante de la botánica y el buen gusto.
Nada más entrar se me han puesto los pelos de punta, y es que algo te dice que te estás metiendo en un lugar inmenso, cuando pasas por debajo de esas puertas enormes con techumbres del Japón antiguo.
Ya cuando sales del metro, miras hacia la luz de la calle desde las escaleras y ya asoman los primeros cerezos, con varios colores..blancos, rosas, blanquirrosas, amarillos...
Una vez dentro, tras pasar uno de los puentes que salvan el gran estanque, te encuentras con una variedad de árboles, plantas y flores espectacular, todo ello entra grandes pasajes rodeados de murallas de 10m. con piedras enormes, que dan una sensación de fortaleza infranquable.
Hay unos rincones excepcionales, y si hay un árbol que me ha sorprendido, por su elegancia, es el arce japonés. Mirarlo da una sensación de calma increíble, es realmente bonito.
Esta es una variedad roja de la que me voy a traer un bonsai que vi en el parque Ueno (mañana voy a por él)
..Continúo en el siguiente capítulo que no me caben más fotos en éste....sigo ya..

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